A los seis años, Noelia Pace le dijo a su madre: “Hay un señor que me habla en mi habitación”. Su mamá, al principio, la observó y comenzó a indagar sobre quién era ese hombre y qué le decía. “Yo veía imágenes ‘como en la tele’. Pocos días después, mi abuela Lucrecia me mostró muchas fotografías y me preguntó quién era ese señor. Señalé a un marinero, que resultó ser su hermano, fallecido antes de mi nacimiento”, relató Pace.

Noelia Pace, médium de 46 años que “conecta las almas para que el espíritu sane”, ha compartido esta experiencia en numerosas ocasiones desde que decidió hacer público su don. Ha conmovido a conductores de radio y televisión, tanto escépticos como creyentes, en Argentina, varios países de América Latina, Europa y otras partes del mundo. En diálogo con Clarín, desde un hotel en el barrio porteño de Retiro, presentó su más reciente libro, Sesión abierta (VR Editoras).
“En las páginas de Sesión abierta propongo una experiencia única, irrepetible, como la vida misma. Y al final, les puedo asegurar, habrá una muerte: la muerte de los tabúes que nos limitaron, la muerte del miedo a la muerte. El inicio de una nueva vida”, escribe Noelia en la introducción de este libro, que ya va por su segunda edición, ampliada y enriquecida.
La obra está llena de testimonios, casos y vivencias de mediumnidad, y ofrece consuelo a quienes atraviesan el duelo. “Con ejercicios de respiración y meditación, las personas aprenden a conectar con la energía del ser querido que ya no está y encuentran paz”, asegura Pace, cuyo apellido significa “paz” en italiano.
—¿Cómo reaccionó tu familia después del episodio con tu tío abuelo? —le preguntaron.
—Respondí a preguntas muy íntimas sobre su vida y entendieron que era real. A pesar de eso, mi mamá me llevó a médicos, psiquiatras, psicólogos, neurólogos, curanderos, todo lo que puedas imaginar para asegurarse de que no tuviera ningún problema. Además, empecé a predecir accidentes. Una vez tuve una impresión muy triste: mi papá, camionero, había ido a distribuir una carga y de repente grité: “A mi papá lo mataron”. Horas después llegó con el parabrisas del camión baleado; se salvó porque se tiró bajo el asiento. Fue la primera vez que pasé del contacto con almas a predecir hechos concretos.
—¿Y qué dijeron los médicos?
—Finalmente, mi mamá me llevó al médico de la familia, en Lanús, donde crecí. Recuerdo que yo estaba sentada en la camilla y, al revisar mi ficha clínica, el médico le decía a mi mamá que estaba todo normal. En ese momento, empecé a darle al doctor un mensaje de su madre fallecida. Él hizo un gesto para que me dejaran hablar. Cuando terminé, le dijo a mi mamá: “Si no la querés, me la quedo yo; esta chica tiene un don”. Al salir de la consulta, mi mamá me dijo: “De esto, ni una palabra a nadie”.
—¿Quería protegerte?
—Creo que sí. Imaginate que estudié en una escuela de monjas. Pero un día conocí a una catequista, la hermana Lucía, que me contuvo mucho. Ella tenía contacto con el papa Juan Pablo II y yo le escribí una carta con un dibujo, contándole mi caso. La hermana entregó la carta a través del colegio de la Inmaculada Concepción y, en respuesta, llegaron bendiciones para mi familia. Mi mamá guardó esa carta junto con la medalla milagrosa, la Virgen protectora de mi padre. Después, llegaron las mesas de espiritismo.
—Históricamente, el espiritismo fue perseguido por la Iglesia Católica y aún es visto como algo oscuro o dudoso. Sin embargo, mencionas que tu experiencia fue distinta.
—La Iglesia siempre me protegió mucho. También tuve formación como catequista y siempre estuve vinculada a ella. En cuanto a los grupos espiritistas, me enseñaron desde un lugar de luz, muy distinto a la imagen que suelen asociar con la oscuridad. Sí, he participado en mesas redondas de espiritismo, recibiendo y transmitiendo información siempre con un fin benéfico, como la salud o la situación económica de alguien. Me enseñaron que no todos los espiritistas son médiums ni todos los médiums son espiritistas.
—¿Cómo era una sesión de espiritismo cuando eras niña?
—Para mí era un grupo que me contenía. Se comenzaba con una oración para invocar a los espíritus, quienes entonces daban mensajes. Siempre se hacía a pedido, para el bienestar de alguien. Yo aprendí desde un enfoque muy respetuoso y luminoso.
—¿Cuándo decidiste romper el silencio y dedicarte abiertamente a la mediumnidad?
—A los 16 años llegó a nuestra vida mi madre espiritual, Valentina. Apenas me conoció me habló en ucraniano y yo respondí en español. Fue una conexión energética que superó el idioma, como un traductor simultáneo. Sentí que debía transmitir todo ese caudal energético, porque si no, dañaría mi cuerpo. Valentina fue mi gran contención y respaldo.
—En tu libro hablas de mensajes dictados desde el más allá, incluso escritos con la letra del difunto. Hay casos famosos, como el médium brasileño Divaldo Franco, conocido por psicografiar cientos de libros. En Brasil, una carta psicografiada fue incluso prueba
TOLHUIN PRIMERO TIERRA DEL FUEGO | ARGENTINA.
